Recuerdos robados (I): Y bastó la primera vez

Recuerdos robados (I): Y bastó la primera vez

Recuerdos robados (I): Y bastó la primera vez

Escrito por @Ciberlady2014

De la autora: Esta es una historia real, a retazos. Nacida de pequeños pasajes de vidas ajenas que -con el consentimiento de sus protagonistas- desde hoy, he decidido compartir.

¿Nerviosa? –Interroga y rompe, desde el asiento del copiloto, el silencio tempestuoso que había caracterizado el trayecto. –

No –contestó Amanda con frialdad mientras asumía el máximo de concentración en la vía.

Conducía su auto, rojo, intenso, de Modelo Peugeot 406 por la 246 vía Terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí.

Su acompañante, periodista de condición y también de profesión, dejó escapar esa risilla que solía anteceder sus mejores estocadas laborales. Miró fuera, quedaba poco para llegar al aeropuerto pero prefirió aguardar.

Si, sí estas nerviosa. Y mucho…-apuntó-

¿No cuela verdad? –interrogó la conductora-

¿Qué cosa?

–  Lo de ocultar los nervios.

–  Ah, por supuesto que no pero ¿Sabes? Es normal; yo lo estaría…..Mira, ya llegamos…

Una vez dentro, resolvieron compartir una bebida mientras se aclaraba la congestión que Air France, Aeroflot, Cubana y compañía solían provocar a estas horas. A las 18:30 horas la Terminal 3 se hace un lío. La convergencia de destinos importantes lo ralentiza todo, así que la familia de Amanda, madre y hermana, demorarían en salir.

Era el tiempo necesario como para convocarla a narrar, otra vez, su historia. Esa que tenía previsto explicarle a su familia minutos después.

¿Quieres contármelo?

¿Cómo?

–  Que si quieres contarme tu historia

–  ¿Otra vez?

–  Si.

Anda hija. Vas con más insistencia que cuando tienes en tu cabeza un reportaje-hizo una pausa- Espera, lo tienes en mente. Que sepas que si esto pasa por tu blog yo te mato…

La risita otra vez inundó el ambiente.

Vamos, que no cuento nada en mi bitácora, aunque si lo hiciera, me cercioraría de que nadie notara que estamos hablando de ti. Solo te pido que me lo converses de nuevo porque te tranquiliza; recordar tus razones te da fuerzas y la fuerza te autoconvence de que vas a dar el paso correcto.

En el fondo, la periodista llevaba razón. Aunque también la llevaba Amanda. El inconmensurable brillo en los ojos de la redactora delataba su deseo de compartir aquella realidad.

Aunque juguemos a tolerar, el día a día nos demuestra que vamos por la vida con muchos prejuicios. Y es que dejando a un lado esos “excesos” en el comportamiento de algunas personas de orientación sexual diferente que suele provocar reacciones negativas, la sociedad peca, muchas veces, por no saber sobrellevar la diversidad intrínseca de compartir espacios.

Desde que era una adolescente sentía curiosidad por las mujeres. –pausa, todavía no está segura de contárselo otra vez. Lo ha repetido unas tres veces en las últimas 48 horas y si completa su relato, serán dos las que agregue a su lista de repeticiones en la próxima hora. Se lo piensa con cautela, y su piel se estremece. Toma aire y se termina la cerveza- No te puedo explicar qué era lo que sentía -prosigue-……Tal vez no lo puedo explicar porque por mucho tiempo me negué la posibilidad de entenderlo.

Nunca pensé en besar a una chica. Mucho menos enamorarme. No era mi idea correr el riesgo de ser despreciada por esta sociedad, que cree saberlo todo pero en el fondo es algo estúpida.

La homosexualidad ha existido desde siempre. Hay referencias de casos que datan desde el año 3000 A.C y la Iglesia católica ha sido protagonista principal en la condena a estas prácticas. Lo he estudiado, pero no quiero meterme en eso porque no quiero aburrirte.

En pleno siglo XXI, vivimos entre miradas inquisidoras, aunque a veces los que nos rodean llevan razón. No se puede pretender ser tratada con respeto, sin antes respetar. No puedes exigir respeto y luego besarte con tu chica, o con cualquier chica en G y 23 a las 12 del día. Me gusta traer siempre la cámara a mano en el coche. No sabes las cosas que puedes encontrarte manejando por La Habana….

Ehhhheeeem –la periodista aclaró, sin necesidad, su garganta.

Vale, vale lo he pillado. Pero no me doy cuenta cuando me salgo del tema –reconoció Amanda.

El ser humano es así, suele alejarse cuando hay un asunto peliagudo de por medio.

Jaja –rió con sarcasmo-. Incisiva, para no variar, pero bueno, en fin, como te decía, me agradaba estar al lado de una chica, oler su perfume. No hablo de fragancias artificiales, sino del olor a hembra; lo percibía. Eran pequeños detalles a los que le restaba importancia pues pensaba que pronto pasarían al olvido, pero no fue así.

A los 17 conocí a un chico. Sería el mes de julio, o agosto, tal vez. No recuerdo el dato. Nos conocimos en la playa y no puedo negar que hubo algo bien bonito entre nosotros. Lo que pasa es que a la hora de la verdad, metió la pata… hasta el fondo.

A veces no entiendo a los hombres. ¡Qué digo a veces!. Nunca entiendo a los hombres y su falta de noción de lo qué es la responsabilidad. No entiendo cómo pueden saber que van a irse a la cama con una chica virgen, que tiene miedos, que se enfrenta a algo nuevo, que necesita que la mimen, que la abracen, que le digan cosas bonitas, que le den confianza y hacer tan poco por lograrlo.

Todos los hombre no son así–apuntó su compañera de mesa.

Probablemente haya excepciones, pero perdí la motivación por descubrirlas. Después de este, no más. En lugar de las frases cariñosas que siempre imaginé, a mí me tocó escuchar unas cuantas “sandeces” que no voy a repetir jamás por respeto a mí misma.

Estaba claro que su objetivo era pasar el rato, aunque también sé que le quedó claro cuánto se equivocó al escoger. Me levanté de la cama, me vestí como pude, agarré mis cosas y me marché, dejándole dicho la mierda de tipo que era. Esa fue mi primera, única y última vez con un chico.

Dos años después, un 31 de diciembre, una amiga, mi mejor amiga de la Universidad me invita a esperar el año nuevo en su casa. Se reunirían unos cuantos compañeros de clase. Sonaba bien.

Yo he sido independiente. No me ha tocado tener muchos problemas y preocupaciones en la vida. A lo sumo, lo único que me ha acusado es la soledad, por decisión propia, por querer vivir aquí la mayor parte del tiempo sola cuando mi familia toda, la que me queda, está en el exterior. Aunque esta vez me tocó pedir permiso pues estaba todo mundo aquí por Navidad, así que tuve que justificar que me perdía la comida con mi gente a costa de una reunión con gente de mi edad.

Ella vivía con sus padres y su hermano. Entre vinos y conversación. La Universidad y los profesores, ron, Cuba, cerveza, música, carne de cerdo, la vida. Me fui dejando llevar. Bailaba, ya con unos cuantos tragos en la cabeza, cuando vi un auto aparcando frente a la casa. La curiosidad me atacó y me detuve a mirar quién lo manejaba.

Recuerdo que saludó, y su comportamiento complementó el impacto que ya había causado en mí su belleza. Era la prima de mi amiga y bastó que nuestras miradas se cruzaran para que mi mundo diera un vuelco. No sé, me estremeció por dentro.

Mi amiga nos presentó, y tenerla de frente agudizó la mezcla de sensaciones. Las piernas se me aflojaban, y no era el alcohol, aunque ya iba un poco pasada de tragos. Ella lo notó, y no me quitaba los ojos de encima. Yo iba por la casa, sosteniendo el peso de su mirada.

Se me acercó, me preguntó qué estudiaba y halagó mi decisión. Fue la primera vez que logré descifrar mis sentimientos hacia una chica. Bebí, y bebí hasta que me sentí un poco mal.

Me preocupé porque estaba un tanto lejos de mi casa y quería marcharme. Se lo comenté a mi amiga, que rápidamente me ofreció su cama. Pero el alcohol en sangre me agudiza el nivel de capricho, y se me antojó dormir en casa. Su padre dijo que me llevaría, que le diera unos minutos para sacar el auto del garaje, y ahí fue cuando irrumpió ella y se ofreció para conducirme a casa. A fin de cuentas tenía su vehículo parqueado en frente. Así la fiesta no quedaba sin anfitrión y le ahorraba el trámite a su tío.

El momento se tornó perfecto. –acotó la reportera.

Si, y me desconcierta cómo te las arreglas para mostrarte sorprendida con cada cosa que narro. Cualquiera que te ve, piensa que te estás enterando de todo ahora.

A ver, me interesa esta historia y lo sabes. Fuera de eso, solo intento ser buena receptora –se defendió.

–  Bien, ganas esta vez. Me subí …

–  Disculpa, gano siempre –fanfarroneó la periodista-

Sí, si, como no, ¿Me dejas continuar? Como sigas así, no terminamos ni mañana….

–  Está bien, adelante….

Me subí al auto y me anunció que conduciría un poco por el Malecón. Desde su punto de vista me resultaría provechoso; el aire fresco del mar me ayudaría a refrescar.

No tuve objeción. Si te soy sincera, me sentía bien al lado de ella. Y mientras manejaba, mi vista tenía unos muslos precisos para analizar. Yo de mujeres sabía poco. Apenas me estaba convirtiendo en una, y no tenía idea de cómo era estar con una chica, pero me sentía bien a su lado y no me cohibí de hacérselo saber. A veces podemos ser muy “putas”. Podemos, incluso, sin quererlo.

Nos sentamos en el Malecón, frente al Hotel Nacional, lugar emblemático para la comunidad LGBT de La Habana. Me preguntó cómo estaba y le dije que mucho mejor, que si gustaba podíamos regresar a la fiesta. Estaba apenada con ella porque se la estaba perdiendo por mi causa.

Ahí me lanzó la primera piedra, cuando me dijoNo te preocupes. En todo caso, la fiesta que me gustaría tener es a solas contigo. –Me hice la que no entendí y mis nervios aumentaron. Ella no se frenó, y me propuso ir a su casa, con servicio de café bien cargado incluido. Lo necesario para terminarde solventarlos efectos del exceso.

Llegamos, y la decoración me pareció perfecta. Estaba clarísimo que era una chica con gusto$ sofisticado$. Me hizo esperar en el sofá. Voy a preparar el café, anunció, con las manos en mis muslos y dejándome un beso como garantía de su regreso.

Fue un acercamiento sutil, pero con la dosis justa de pasión como para dejarme allí pensando, en ella, en sus labios, en lo contraproducente que era para mí aquel momento. La chica sabía a lo que iba y he de admitir que con los años he llegado a comprobar lo infalible de su táctica.

Ahí se te va un poco la modestia –alegó la periodista, que no pudo evitar el comentario, e hizo un guiñó para que siguiera.

Llegó el café. A mí me gusta mucho el café, pero aquello era una tinta sin azúcar. Protesté, y su respuesta en mi oído “con azúcar no servirá de nada, linda” me hizo temblar.Acto seguido se sentó a mi lado y filosofó de la vida. Me perdí escuchándola, entre nubes, sin mucho para aportar.

Hey, -interrumpió la periodista otra vez y señalando el reloj acotó –19:20 horas, es cuestión de minutos que salga tu familia. ¿Nos acercamos?

Vale, pero calculo que tengo unos minutos. Lo justo para una última cerveza y para concluir-y continuó con su historia- Se gastó un par de frases en solicitar mi opinión y sus infructuosos esfuerzos la impulsaron a tomar acciones que verdaderamente convidaran mi participación. Fue ahí cuando me besó. Y le correspondí. Manejó los tiempos con maestría, la intensidad de nuestro encuentro creció y me dejé llevar.

¿Te gustó? –preguntó expectante.

Me gustó y lo sabes. Lo tuve claro desde el principio y su reacción cuando le dije que era virgen fue lo que más me conmovió. Agarró mi mano, fuerte, y de camino a su habitación me prometió que sería una primera vez de la que no me arrepentiría jamás….

Se terminó la cerveza con decisión y se levantó de la mesa- Vamos, ya es tiempo…

Si, vamos y estate tranquila que todo va a estar bien.

Vamos, pero aun no termino.

Ah, ¿no?….normalmente es aquí donde pones el punto final…

Lo sé, pero hoy le pondré unas líneas de más. Te gustará, a fin de cuentas, eres una jodida fanática a escucharme….

–  Ja, ególatra, me veo más como una romántica empedernida.

Ella, la chica, se quedó corta con lo de no olvidar la primera vez porque no he querido separarme de ese recuerdo, ni de ella. Es cuestión de perspectivas, cada quien tiene en este mundo la misión de descubrir el amor, de desandar el camino hasta la felicidad. Yo lo encontré a su vera, y siento que cada gesto suyo toca mi alma. En fin, que si en cada beso, pones la vida, qué importa su sexo ¿no crees?

Lo creo -asintió la periodista mientras intensificaba el ritmo de su pestañeo para evadir un par de lágrimas. Era evidente que las últimas acotaciones habían calado profundo en su ser….Es una historia linda, que merece ser contada, aunque nunca he entendido porqué detestaste al chico y luego viene esta chica y se conduce con igual o más descaro que el muchacho y la idolatras. Por cierto, ahí está tu familia – concluyó señalando las dos mujeres que unos cuantos metros al frente, desde la fila para comprobar asuntos de inmigración, hacían gestos de salutación.

Sencillo, – dijo Amanda mientras deslizaba su diestra con suavidad por el rostro de su interlocutora para despojarle de una última lágrima – en primer lugar porque estaba un poco borracha, aunque el punto definitivo fue la sensación de seguridad que tuve con ese “no te arrepentirás” que me dijiste cuando te revelé mi virginidad….Y…sí, sí que es una historia bonita. Pero es muy larga para ser contada en estas circunstancias –balbuceó al detenerse frente a su madre y su hermana.

Después del abrazo, procedió:

Mami, Amelia, les presento a Susana: lo mejor que me ha pasado en la vida.

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