Avicena: su terapia sexual

Avicena: su terapia sexual

Avicena: su terapia sexual

Por: Hortensia Padilla Mojena.

 El conocimiento de cualquier cosa, dado que todas
las cosas tienen causas, no es
adquirido o completo a menos que sea
conocido por sus causas. Avicena
El filósofo y médico iraní Abu ‘Ali Sinâ, conocido en occidente como Avicena (980-1027). Interesado por las enfermedades, dedicó parte de su formación a escribir sobre las razones de las disfunciones sexuales en ambos sexos y sus remedios. Su monumental enciclopedia Canon de Medicina, redactada en cinco tomos, se convirtió en la base de este saber en los centros académicos del mundo hasta prácticamente mediados del siglo XIX.

En él, el genio persa afirma que enel coito, el deleite y el apetito de las mujeres son mayores que en los varones, para más adelante definir que el amor pasional, desesperado es una variante del desorden psicológico, es decir, un mal propio de quienes pensaban demasiado en una persona inalcanzable sexualmente.

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Los relatos de la época, cuentan, que la pasión debía ser una enfermedad muy frecuente en un mundo marcado por las privaciones y separación entre los sexos y por las diferencias entre las clases y castas sociales. Un ejemplo lo constituyen aquellos dos jóvenes de los desiertos árabes; Gheis y Leyli, ,el Romeo y Julieta del oriente, cuyo amor contaba con la oposición de sus tribus ,el deseo y el sufrimiento de Gheis por su amada a quien ni podía acercarse le valió el apodo de loco o hechizado).

Los profundos conocimientos de Avicena sobre el mal de amores le sirvieron para curar al sobrino del gobernante de la mítica ciudad de Bukhara, empleando una técnica que en la década de los cuarenta del siglo XX fue presentada por el estadounidense Leonarde Keller como la máquina de la verdad( detector de mentiras o polígrafo ).

Pues, tras tomar el pulso del paciente, dejar caer la palabra mágica del amor y observar el cambio en el rostro y el ritmo cardíaco de aquel melancólico, el médico iraní se puso a pronunciar una serie de nombres femeninos y utilizando sus dedos polígrafos, logró detectar aquel que correspondía a la amada, un prometedor punto de partida pues hasta consiguió que el joven localizara a la muchacha misteriosa en la mítica urbe de Bukhara. La genial ocurrencia de aquella eminencia fue recetar sexo como terapia para que el enfermo de amor superase sus impresionantes limitaciones, estas que le impedían, a pesar de tener el poder de un príncipe, expresar sus sentimientos de amor hacia una mujer.

A propósito, les recomiendo una excelente película Der Medicus (The Physician) , en la cual pueden apreciar a este sabio Persa.

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